Cómo me cuesta! En verdad, me es de algo de trabajo,
contrario a lo que los demás puedan creer.
Coloco una
barrera, no una burbuja, pero sí una agujita para medir hasta dónde.
No tengo
ningún problema con mostrar lo bueno, lo alegre y divertido de mí, incluso
hasta lo caprichoso; pero lo que me cuesta, lo difícil, lo que me duele o mis
errores eso sí es asunto serio.
Sé que si
no abro la puerta me pierdo de mucho y que existen quienes de verdad me quieren
conocer y también quienes me conocen en alguna medida.
A veces lo
que para algunos puede parecer un absurdo para mí tiene cierto trabajo, pero
reconozco que ese poquito que me permito compartir, aún cuando en ocasiones sea
con algún recelo, me da alegría al corazón.
Ahora veo
quienes colocan frente a mí diversas opciones:
- Saltar y confiar que con su red me atraparán.
- Dejar abierto y con un dulce tras el umbral.
- Caer en esa trampa de una aparente apertura y una campanita que alerte de mi presencia.
- Enviar una delicada invitación y esperar cuando yo quiera llegar.
- Saludarme, darme una dulce probadita, tomarme de la mano y acompañarme a poco a poco quitar obstáculos del camino.
Por ahora
casi todas las opciones me agradan, incluso puedo de vez en cuando arriesgarme
a saltar, lo único es que no me convence mucho que me atrapen como a un
ratoncito, como a una niña realizando una travesura, para mí sería mejor,
evidentemente sólo realizar mi travesura y que luego la descubran, pero no
siempre es así.
Dulce ahora
me es la compañía y que de la mano caminen conmigo entre la niebla, en la
playa, en la tormenta, en la lluvia o entre el jardín con flores. Por el
momento quiero eso, compañeros de juegos que quieran caminar conmigo al menos
por una tarde, quieres conocerme, ten paciencia, ven a caminar tomando mi mano,
compartamos la aventura de conocernos.
