¡Azul, azul, azul!
Empecé a notar que Neruda remitía constantemente a tal color, luego reflexioné:
América es verde y azul por donde se mire. Es una gran tierra que posee una inmensurable
cantidad de riquezas biológicas, !es verde y azul, definitivamente!
Pero
también muchos otros detalles llamaban mi atención, ¿por qué Canto? ¿por qué
General? ¿por qué una palabra o metáfora en lugar de otras similares mas no
iguales? La verdad es que cuando escribimos nada es al azar.
Nuestro corazón y nuestra mente entran en
perfecta sintonía y el cosmos nos brinda un poco de ese conocimiento tan
abundante, que hizo a Neruda no dudar, sino dejar que las musas guiarán su
pluma.
Sigue
mi reflexión... Canto es una melodía, una canción, una armonía, algo que se
puede entonar solo o en compañía, que posee un lenguaje y un mensaje
particular. Entonces, es verdadero, es un canto, porque nuestro poeta con su
cantar rimado nos hace un retrato de una tierra hermosa, es más única, que
posee mil figuras y colores dentro de su esplendor.
La
obra Canto General no es una forma algo selecta de narrar un viaje por diversos
escenarios, es nuestro cantar en palabras de aquel, que con gran sutileza y presteza
da armonía a la historia del llamado “nuevo mundo” al conjunto de naciones
hermanas en la tierra y en el mar, que reúne un solo una tonada las coplas y
refranes, cuentos y andares que quieres viven acá.
Pero
todas las canciones, todas las melodías, todos los cantos son distintos, poseen
dentro de sus letras y de sus notas, allí en lo más profundo, una esencia que
les distingue y les da ese perfume tan peculiar, Pablo nos dice: “Desierta
eres, América, como una campana: llena por dentro de un canto que no se eleva”
y ¡eureka! este es nuestro perfume. Una esencia maderera fuerte como roble y el
pino, dulce y frutada como los productos de su tierra bendita y amarga como la
hiel.
Amarga
y callada pues, siguiendo la comparación, la campana siendo de hierro o cual se
quiera otro metal, requiere para obtener su forma muchos golpes, mucho calor,
muchas manos. Igual los hijos de esta tierra de occidente han sufrido “la noche
que los acecha”, ”un olor amargo de pistolas”, muchas gotas color ciruela,
“llagas implacables” y aun así siguen cual campana rota reuniéndose con las
voces muertas, con los fantasmas irreconocidos, viéndose al espejo sin saber
quien son.
“Como
una lámpara derribada en la lluvia” su llama intenta permanecer despierta,
tibia, robusta; ante las lágrimas de un cielo que llora las injusticias que les
suceden a su madre tierra y a sus hijos salidos de la bondadosa y bella
arcilla, cual milagro admirable de amor de una ventura que no se sabe que la ampara.
Una
melodía sin par, pues no hay quien pueda comparar las marcas que yacen en el
papel de su historia y porque América gracias a su historia, a su naturaleza a
veces muy llena de inviernos y con otoños que la renuevan, y a su gente es lo
que es. Es aquí donde nuestro poeta descubre en sus miradas, sin decirle nada,
que la tierra le canta.
¡Oh,
dichoso Neruda! Quién tuviese tu talento de hablar con las hojas doradas, con
el mar que besa la arena de sus mil historias, con los témpanos de hielo cargados
de fragilidad, quién pudiera pedirle al río y a la noche le susurren al oído su
cantar. Es esta una sinfonía que resume en un trozo de papel el caminar de
nuestra vida, acá en un lienzo donde no existen fronteras para quien quiera
escuchar.
Yace
ahora la Madre América
Tierra en su esperar, ella cose y remienda, realiza su bordado, mientras espera
que sus hijos descubran en ella su caridad y no se revelen en su contra como
rosas con espinas, sino como un campo en primavera que alegra con su optar, por
la vida, por una vida bella hecha canción y bailar.
¡Esperar
ya acabó! Ahora es necesario cantar, es necesario actuar, además recordemos que
la música será la que con su ritmo nos guiará. ¡Gracias Neruda, por tan bella
canción! Por convertir una aventura en nuestro gran motor.